“Dios mío, lejos de desalentarme a la vista de mis miserias, vengo a ti confiada, acordándome de que ‘no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos’. Te pido, pues, que me cures, que me perdones, y yo, Señor, recordaré que ‘el alma a la que más has perdonado debe amarte también más que las otras…’ Te ofrezco todos los latidos de mi corazón como otros tantos actos de amor y de reparación, y los uno a tus méritos infinitos. Y te pido, divino Esposo mío, que seas Tú mismo el Reparador de mi alma y que actúes en mí sin hacer caso de mis resistencias. En una palabra, ya no quiero tener más voluntad que la tuya. Y mañana, con la ayuda de tu gracia, volveré a comenzar una vida nueva, cada uno de cuyos instantes será un acto de amor y de renuncia…”
” Te ofrezco todos los latidos de mi corazón…”
4 septiembre 2010 por sorfilotea
Advertisement